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Jair Bolsonaro, presidente de Brasil

La Policía Militar del estado brasileño de Río de Janeiro (sureste) mató a 434 personas en el primer trimestre del año, según datos del Instituto de Seguridad Pública del Gobierno estadual divulgados este viernes por el portal de noticias G1.

Según estos datos, las muertes "por intervención policial" llegaron a "434 casos de enero a marzo", lo que da una media de siete fallecidos al día y representa el mayor número registrado desde 1998; el año pasado, en este mismo periodo la policía mató a 368 personas.

Entre los casos de muertes que involucran a la Policía Militar destaca un tiroteo que se produjo en febrero y que dejó 13 fallecidos en la favela de Fallet-Fogueteiro, en el barrio de Santa Teresa, uno de los más turísticos de la ciudad de Río.

Portavoces de la policía alegaron en su momento que agentes participaban en una operación de incautación de drogas cuando fueron recibidos a tiros por los narcotraficantes, lo que les obligó a disparar en defensa propia.

Sin embargo, testimonios de los vecinos recogidos por la Defensoría Pública de Río de Janeiro incluyen relatos de ejecución, tortura y mutilación de cuerpos.

Otro dato destacado del primer trimestre del año es el elevado número de incautación de fusiles (145), el mayor registro desde 2007.

La Secretaría de Seguridad del Gobierno de Río también remarcó que en marzo los homicidios dolosos (cuando hay intención de matar) cayeron un 32 por ciento, y la letalidad violenta en general (que incluye asesinatos y robos seguidos de muerte, entre otras categorías) disminuyó un 24 por ciento respecto al mismo mes de 2018.

Desde el 1 de enero, el Gobierno de Río de Janeiro, del que depende la seguridad pública, está en manos del gobernador Wilson Witzel, de tendencia ultraderechista y aliado del presidente Jair Bolsonaro.

Los especialistas en seguridad pública y activistas de favelas y suburbios atribuyen el aumento de las muertes provocadas por la policía al discurso de mano dura de las autoridades y de legitimación de este tipo de violencia.

El gobernador Witzel defendió públicamente en numerosas ocasiones que los policías deben disparar en la cabeza en cuanto vean a un sospechoso cargando un arma.

También ha asegurado que ya hay francotiradores de élite actuando en varias favelas de la ciudad para abatir narcotraficantes, algo que es ilegal y que es investigado por la Fiscalía.

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